viernes, 1 de febrero de 2008

BAJA LABORAL (5)

Una vez obtenida la Invaliez Permanente Total, aunque podía desempeñar otro trabajo diferente al que tenía en ese momento, para mí eso era imposible. Me adapté a mi nueva situación económica con esa media pensión. Mi padre estaba jubilado desde los 60 años y con algunos olivos que poseíamos y una huerta ibamos tirando. Si un día amanecía con más dolor hacía menos y el día menos doloroso lo aprovechaba en realizar algun trabajo en el campo, todo ello siempre acompañado de altas dosis de antiinflamatorios y periódicamente sesiones de rehabilitación y electroterapia anteriormente descritas.
Aunque en un pueblo la vida no es muy cara, vivir sólamente con media pensión no me permitía gastar nada, aparte de tener que pagar los desplazamientos médicos a los hospitales.
Hasta que hubieran pasado dos años no podía solicitar una nueva revisión de mi situación ante la Unidad de Valoración Médica.
Transcurridos esos dos años, para no tener que perderme en un maremagnun de papeles y dada mi poca experiencia en estos avatares, me puse en contacto con un bufete de abogados en Badajoz para que me gestionasen todo el papeleo. Si lograban ayudarme a conseguir a pasar por el Tribunal, sólamente tenía que abonarles un mes de mi paga. Con este planteamiento no me lo pense dos veces y me puse en sus manos.
Cuando me citaron desde el Tribunal Médico, me indicaron los papeles que debía de presentar y me fui a ver que pasaba.
Desgraciadamente todo el aspecto de la enfermedad no daba lugar a ninguna duda. Pasé una revisión metódica y quedé a la espera del su dictamen médico y de la resolución.
En estas fechas, las resoluciones del Tribunal ya no tardaban mucho en llegar al interesado, la recibí en un corto periódo de tiempo. Se me fue condedida (dada la evolución de la enfermedad) una Invalidez Permanente Absoluta.
Aboné a los abogados sus honorarios y nos despedimos esperando no tener que volver a necesitar de sus servicios de orientación legal y jurídica.

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