lunes, 9 de noviembre de 2009

PRÓTESIS DE CADERA (13)

No puedo precisar el tiempo que estuve en la sala de reanimación, cuando el médico lo consideró oportuno me subieron a planta. Como era de esperar aquella noche y algunas posteriores no pude dormir. La inquietud, el dolor (mitigado por los analgésicos), no me dejaban de cerrar los ojos. Ahora comenzaba el postoperatorio, lo peor de esto era el tener que permanecer boca arriba en la cama sin moverme, para mí el estar cierto tiempo inmovil conlleva un aumento muy considerable del dolor y de la rigidez, síntomas comunes en todos los enfermos de Espondilitis Anquilosante. Una almohada tenía entre las piernas para evitar que las cerrase y, otra al lado del pie impidiendo que me lo dejase de caer hacia afuera y, pudiese quedarse torcido después para caminar. Tuvieron que ponerme dos bolsas de sangre. Cada cierto tiempo la enfermera me inyectaba en la goma del suero: antibióticos y analgésicos junto con protector de estómago (Ranitidina). Todo evolucionaba satisfactoriamente. El segundo día de inmovilidad era un infierno, le pedí al médico esa mañana al hacer la visita a la habitación que si podía levantarme, él accedió pero sólo podía estar sentado, nada de caminar. Para mí eso era más que suficiente, de esta forma mi espalda me daba un respiro.
Mi hermana me tuvo que comprar un accesorio para levantar unos 10 cm. el inodoro, así no corría el peligro de flexionar la cadera operada, una recomendación del médico que ójala y en la anterior operación se me hubiese dicho, me habrían evitado algunos problemas al ir al servicio.
Al tercer día me levanté de la cama y dí mis primero pasos, afortudamente caminaba mejor que la otra vez, me molestaba un poco pero dentro de lo normal. Comencé a hacer rehabilitación, los puntos iban muy bien y la herida cicatrizaba correctamente, me quitaron el drenaje, y a la semana ya tenía el alta en mis manos. ¡Cual diferente era esta vez!, me pude sentar en la ambulancia en lugar de ir en la camilla.
Tuve mucha hinchazón en el tobillo y se me puso muy negro pero al pasar unos días todo se fue normalizando.
Estuve con tratamiento de Heparina lo mismo que la vez anterior, un mes. Del mismo modo la toma de antibióticos y antiinflamatorios específicos.
Estuve asistiendo a realizar mis ejercicios en torno a un mes más o menos. Los puntos me los retiraron sin ningún tipo de problema entre dos veces. Aunque este hospital concertado con la Seguridad Social no tenía hidroterapia en el gimnasio, al haber sido una operación sin problemas, pude lograr un movimiento de la pierna sin tener que haber pasado por la piscina.
Como el deambular era bueno, pronto dejé una muleta (cuatro o cinco meses).
Ya tenía otro parche más para contiuar con una calidad de vida más o menos aceptable.
Transcurrido un período de en torno a los seis meses, dejé el hogar de mi hermana, y me dispuse de nuevo a seguir con mi cotidianeidad en mi casa.
No se me cambió el tratamiento que tenía prescrito y una vez superados los problemas de la coagulación retomé la medicación completa con sus respectivas pautas de tomas.

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