miércoles, 2 de febrero de 2011

CONCEPTOS DE INTERÉS (13)

Los antiinflamatorios controlan el proceso inflamatorio que nuestro propio cuerpo está desarrollando como un mecanismo de defensa ante un factor agresivo conocido o desconocido.
Básicamente el proceso inflamatorio se produce por la liberación de unas sustancias llamadas prostaglandinas, que normalmente se hallan alamacenadas en todas las células de nuestro cuerpo. Cuando un factor agresivo ataca al cuerpo entonces se liberan las prostaglandinas como medio de defensa y se presenta el cuadro típico de inflamación con hinchazón de la parte afectada, enrojecimiento y dolor.
Los antiinflamatorios inhiben la liberación de prostaglandinas y el primero que apareción en el mercado mundial fue el Acido Acetil Salicílico.
En la actualidad contamos con gran variedad de fármacos antiinflamatorios los cuales pretenden evitar los efectos colaterales de los antiinflamatorios sin haber logrado hasta el momento un antiinflamatorio 100% seguro, pues resulta que las prostaglandinas no sólo defienden al cuerpo contra una agresión externa sino que también son sustancias protectoras en distintos órganos del cuerpo humano: cubren la superficie del estómago protegiéndolo de los ácidos gástricos, impiden que la grasa se deposite a nivel de pared arterial, y otras más.
Hay un fascinante campo de estudio con respecto a las prostaglandinas, sustancias de defensa que las células de nuestro cuerpo producen y que definitivamente tienen más efectos benéficos que dañinos.
El efecto de acción de un fármaco antiinflamatorio depende de:

1-La dosis de inicio, la presentación en inyectable generalmente ofrece dosis altas del fármaco. Es cierto que a mayores dosis de antiinflamatorios mayor efecto de acción pero también es cierto que a mayores dosis encontramos mayores efectos colaterales (clásicamente, gastritis mas severas) por eso la presentación de dosis altas sólo debe emplearse en casos agudos como dosis de inicio, al calmar el dolor se continuaría con dosis mas bajas o si es posible se cambia a un analgésico. Y de hecho, nunca se debe seguir un tratamiento largo con antiinflamatorios sin la supervisión directa de un profesional médico.

2-La respuesta del paciente al fármaco, se asume que el antiinflamatorio ha sido recetado por un médico el cual ha sopesado los riesgos/beneficios para el empleo del producto pues siempre ha de tomarse en cuenta la respuesta del paciente al fármaco; si existe lesión previa en hígado o riñón hay que adecuar las dosis y si se está tratando un cuadro crónico hay que escoger el producto que menos efectos colaterales produzca. Los médicos no se guían por propagandas mercantilistas sino por los requerimientos del paciente y por su propia experiencia en el uso del fármaco, es por eso que se recomienda fuertemente a los usuarios que no se automediquen con antiinflamatorios, muchas veces el fármaco que le fue recomendado a su familiar y que le hizo mucho bien a ese paciente puede causarle severos efectos colaterales.

Los antiinflamatorios por su efecto de acción calman el dolor de la inflamación e incluso algunos llegan a bajar la fiebre, pero no es recomendable, sobretodo en menores de un año o en mayores de 60, usar un antiinflamatorio para controlar la fiebre: en estos pacientes siempre la primera opción es un analgésico.

En conclusión, por los efectos colaterales producidos por todos los antiinflamatorios es necesario recomendar que sea un médico quien indique el uso de este fármaco, el abuso de aintiinflamatorios automedicados es la primera causa de gastritis en todo el mundo. No caigan en el juego de propagandas mercantiles que ofertan al antiinflamatorio como la panacea moderna, que sea un profesional médico el que determine la oportunidad, la dosis y el tiempo que se usará el antiinflamatorio elegido. De esta manera no interferirá con la acción protectora que sus propias prostaglandinas ejercen a nivel de todo el cuerpo humano.

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