lunes, 14 de febrero de 2011

TERAPIAS BIOLÓGICAS (5)

La noticia que llevaba esperando se hizo realidad. Al llegar al hospital para la rutinaria revisión, la reumatóloga me dijo que ya contaban en el hospital con un tratamiento biológico,  era Remicade, pasó a explicarme detalladamente de que se trataba y su forma de administración. Realmente en cuanto a las caracteristicas del medicamento no fue muy completa la información, es comprensible hasta cierto punto dado el poco tiempo que tenemos los pacientes en la consulta médica. Por supuesto en cuanto a la vía de administración fue un poco más extensa. Debía firmar un consentimiento informado antes de que me inyectaran el producto. La administración era intravenosa y tenía que estar en observación durante algún tiempo para estar vigilado ante alguna reacción adversa. Volviendo al medicamento no me informaron de lo que es el producto y cómo actua en el organismo, la función que realiza y todos los posibles efectos adversos que puede conllevar al introducirlo en el organismo a través del torrente sanguíneo.
Si aceptaba el tratamiento tenía que tener en cuenta que asumía todos los riesgos derivados, era una terapia poco conocida y estaba aún en una fase experimental. Había pasado como era natural todos los controles sanitarios para aplicarla a los enfermos, pero quedaba comprobar como funcionaba a largo plazo en las patologías para las que había sido creado en principio.
Mientras me inyectaban el biológico estaría controlado por un médico y una enfermera. Antes de la aplicación tenía que hacerme una radiografía de torax para ver los pulmones, y la prueba de Mantoux para descartar que tuviese tuberculosis o hubiese estado en contacto con el virus y hubiese desarrollado anticuerpos aunque no la enfermedad en sí. 
Hacía poco tiempo que había fallecido mi madre, no estaba psicológicamente fuerte y me daba mucho miedo empezar un tratamiento que resultaba un poco desconocido, no me atrevía a meterme ese producto en vena, pensaba que si tenía reacciones adversas no me atrevería con ellas.
Le dije a la reumatóloga que sentía haber pedido el tratamiento y ahora me negaba a ponermelo. Me dijo que en parte me comprendía, y a pesar de que me aconsejaba tratarme la decisión era sólo mía.
Me volvió a mandar los mismos medicamentos y que lo pensara tranquilamente, pero que era la única opción que tenía para frenar la enfermedad y mitigar los dolores.
Me dió cita para una nueva revisión.

No hay comentarios: